Con las pilas bien recargadas

   

“Este juguete utiliza cuatro baterías AA” y “baterías no incluidas” son las leyendas de las cajas de los juguetes que “Santa Clos” deja en el pino navideño y que cada año son en, primera instancia, la locura de los padres de familia al tener que correr a las tiendas de conveniencia con tal de ver a sus hijos jugando con sus nuevos regalos y, en segunda, pero la más importante, causantes de una preocupante contaminación por el material con el que están hechas, sobre todo al tener contacto con el agua.
 
Las pilas son dispositivos que transforman energía química en energía eléctrica y que contienen uno o dos metales y carbón que forman un polo positivo y uno negativo, entre los cuales ocurren reacciones químicas que producen un movimiento de electrones que genera energía eléctrica.
 
Estos dispositivos se consideran una fuente de materias primas secundarias, ya que, con una correcta gestión, se pueden recuperar algunos de sus materiales más valiosos como el níquel, el cobalto y la plata, pero debe evitarse causar daños al ambiente al separar el material más agresivo, como los ácidos y las sales.
 
Análisis químicos han demostrado que las pilas son las responsables del 93% del mercurio, 47% del zinc, 48% del cadmio y 22% del níquel presente en la basura doméstica. El manganeso, en forma de dióxido, también es utilizado en la fabricación de pilas, por lo que es otro contaminante más de los suelos. Estos elementos, al ser arrastrados por lixiviación, contaminan los mantos freáticos poniendo en riesgo la agricultura y la salud humana.
 
Una pila alcalina usada y arrojada a la basura puede contaminar hasta 100 mil litros de agua y con ello originar cáncer, problemas en el riñón, el pulmón y el sistema nervioso central, e inclusive el fallecimiento, según la cantidad de ingesta de sus materiales, en particular de mercurio y cadmio.
 
Tan sólo en México se calcula que se desecharon unas 715 mil toneladas de pilas en los últimos 45 años, las cuales han liberado al ambiente elementos como el mercurio o el cadmio, lo que representa grandes riesgos para la salud.
 
A pesar de que muchos conocen ya el grado de contaminación emitido por estos dispositivos, su consumo ha aumentado de manera importante, pues se calcula que en los últimos dos años su uso se ha incrementado en 40 mil toneladas anuales, afirma José Castro Díaz, subdirector de estudios sobre sustancias tóxicas del Instituto Nacional de Ecología de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
 
En el 2014, la UANL inició la campaña de recolección de este tipo de material y se calcula que consiguió unas 25 toneladas de basura electrónica con la instalación de módulos en las facultades de la institución que recibían celulares, computadoras y módems inservibles.
 
Esta actividad de la Máxima Casa de Estudios del Estado formó parte de la campaña de Reciclaje Electrónico 2014, llevada a cabo en coordinación con la Semarnat.
Parte fundamental de ésta fue la recomendación del uso de pilas recargables, que aunque su costo es mayor que el de una pila convencional, al final su duración es hasta de mil horas más que las pilas tradicionales.
 
Ventajas de una pila recargable
Rendimiento: Las baterías recargables Ni-MH pueden durar hasta tres veces más que cualquier pila alcalina.
Ahorro: Pueden ser recargadas hasta mil veces, aproximadamente 3 años, brindando un ahorro significativo de dinero.
Cuidado del medio ambiente: Estas pilas NO contienen metales pesados ni elementos peligrosos como mercurio o cadmio.
 

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